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“50 años después: la memoria ya no es consenso, es trinchera”

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Hoy no es una fecha más. Son 50 años del golpe del 24 de marzo de 1976. Medio siglo. Y sin embargo, no estamos ante una conmemoración solemne ni ante un consenso consolidado. Estamos, más bien, en medio de una disputa abierta, áspera, incómoda. Y no es una exageración: por primera vez desde 1983, el propio Estado participa activamente en la desarticulación del consenso democrático construido a partir del terrorismo de Estado. Lo pensé mucho antes de escribir esto. Dudé sobre el enfoque, sobre el tono, incluso sobre la utilidad de volver a decir lo ya dicho. Pero entendí algo que es, al mismo tiempo, evidente y perturbador: no estamos repitiendo una historia, estamos viviendo una nueva etapa de la misma disputa. Y esa disputa es, esencialmente, política. Porque la memoria nunca fue un territorio neutral. Nunca lo es. La   memoria no es el pasado en sí mismo, sino su reconstrucción desde el presente, en función de un proyecto de futuro. Y ahí radica el núcleo del problema: lo que hoy...

La miseria de la guerra y la verdad del petróleo

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Cada vez que observo una guerra en Medio Oriente, vuelvo a una certeza incómoda: la guerra nunca empieza donde dicen que empieza. No comienza en el discurso moral, ni en la supuesta defensa de la libertad, ni en la invocación abstracta a la seguridad internacional. Comienza mucho antes, en la geopolítica concreta, en la disputa por los recursos, en la necesidad de sostener jerarquías imperiales, en la voluntad de disciplinar a quienes se resisten a un orden mundial construido para beneficiar a unos pocos. Por eso, cuando se analiza la situación de Irán, su persistencia histórica y la continuidad del régimen tras la muerte de Ali Khamenei, no alcanza con detenerse en la superficie institucional o religiosa. Hay que mirar el subsuelo. Hay que mirar el petróleo. Hay que mirar el mapa de los intereses materiales. Yo no creo en la ingenuidad de las grandes potencias. Mucho menos en la de Estados Unidos. La historia reciente demuestra que allí donde aparece un recurso estratégico, allí donde...

Guerra y Flujos: EE.UU.–Israel vs Irán y el Impacto Global en Argentina.

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Este ensayo trata de cómo una guerra lejana puede reorganizar el mundo entero, no solo por las bombas, sino por todo lo que las acompaña: el dinero que deja de circular, la energía que se encarece, las rutas que se vuelven inseguras, las noticias que moldean el miedo, y las decisiones políticas que cambian el mapa de amistades y enemistades. El tema central es simple y a la vez incómodo: hoy la geopolítica se parece menos a un tablero con piezas fijas y más a una red de flujos . Cuando se corta un nodo importante —Irán, el Golfo, las bases militares, las sanciones, las rutas del petróleo— el impacto no queda “allá”. Viaja. Llega a los precios, a los empleos, a la estabilidad política, a la vida cotidiana. Y en ese contexto, Argentina no es espectadora : puede quedar más expuesta o más protegida según cómo decida ubicarse en esa red.   Cuando escuchamos que Estados Unidos e Israel atacan a Irán, lo primero que pensamos es: “otra guerra más en Medio Oriente”. Suena lejano. Suena a te...

Cuando el deseo vota contra sí mismo: hegemonía, sentido común y obediencia

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¿Por qué las mayorías obedecen ideas y medidas que las perjudican, incluso hasta el punto de votar proyectos contrarios a sus propios intereses? La pregunta no es nueva, pero sí exige ser formulada de otro modo si queremos evitar la respuesta fácil —“ignorancia”, “manipulación”, “falta de educación”— que, en el fondo, vuelve a culpar a quienes padecen. Desde una perspectiva deleuziana, el problema no se reduce a un error de juicio, sino a una producción política de deseo: las mayorías no sólo creen ciertas ideas; muchas veces desean el orden que las domina, porque ese orden se ha vuelto el modo “normal” de sentir, pensar y evaluar lo posible. Aquí conviene torcer la mirada: el poder no se sostiene únicamente por coerción, sino por captura. Deleuze y Guattari dirían que lo social funciona como una fábrica de subjetividad, una maquinaria que organiza flujos de afectos y percepciones, y que logra que lo vivido se alinee con lo decible. Gramsci, desde otra tradición, lo llamó hegemonía: ...

“El apolítico útil”

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  “ El apolítico útil” Autodenominarse apolítico no es una ausencia de posición: es una posición que se presenta como ausencia. Su eficacia reside precisamente en ese camuflaje. Bajo la fórmula “yo no me meto en política” se organiza una modalidad de subjetividad, de forma de ser que no neutraliza el poder, sino que lo deja operar con mayor fluidez. Se trata, en rigor, de una tecnología social de desmovilización: un dispositivo que transforma la retirada en virtud, el desinterés en signo de lucidez y la pasividad en superioridad moral. Esta postura se viste de una estética particular: el gesto de hastío ante la discusión pública, la ironía como escudo, el suspiro de rechazo ante la “politización” de los asuntos cotidianos. No es un fenómeno espontáneo. Más bien corresponde a una producción cultural sostenida, especialmente seductora para sectores de clase media con capital educativo, acostumbrados a identificar la racionalidad con la distancia y a sospechar de toda pasión...

El poder invasor de la minería

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  La historia contemporánea de Venezuela —y de buena parte de América Latina— no puede leerse sin atender a una constante que atraviesa gobiernos, ideologías y discursos morales: la disputa por los recursos estratégicos. En el caso venezolano, el petróleo ha sido el protagonista evidente, pero en las últimas décadas la minería —oro, coltán, tierras raras— se ha convertido en un factor decisivo, silencioso y profundamente invasivo. Allí donde hay minerales estratégicos, la soberanía se vuelve frágil y la democracia, negociable. La política exterior de Estados Unidos bajo la administración Trump, con su retórica agresiva y su obsesión por Venezuela, no se explica solo por la figura de Nicolás Maduro ni por la preocupación selectiva por los derechos humanos. Se explica, sobre todo, por la necesidad de controlar territorios ricos en energía y minerales clave para la economía global y la industria tecnológica. La minería, como el petróleo, no es solo un recurso económico: es poder geopo...

La Escuela fabrica ciudadanos mínimos?

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La escuela es uno de los dispositivos de encierro más eficaces de la modernidad. No porque hoy funcione bien, sino precisamente porque funciona mal y aun así persiste. Es una institución con olor a cajón cerrado, pero que sigue pretendiendo formar subjetividades como si el siglo XIX no hubiera terminado. Bajo la promesa de “educar”, lo que hace es domesticar: producir cuerpos obedientes, tolerantes al maltrato y entrenados para aceptar la violencia como normalidad. La escuela no forma ciudadanos críticos; fabrica ciudadanos mínimos. El ciudadano que emerge de este dispositivo es aquel que cree que la política se agota en introducir un papel en una urna. Votar se convierte en el gesto total de participación, y todo lo demás se reduce a una relación pasiva de demanda, similar a la del consumidor insatisfecho. Se “compra” una representación y luego se espera, se reclama, se protesta sin implicación real. La democracia, así, queda reducida a un ritual vacío, perfectamente compatible con la...