“La megaminería avanza, la ciencia grita, el poder no escucha”
Hay momentos en que una provincia entera parece quedar suspendida en una especie de hipnosis colectiva, como si el ruido de las máquinas que aún no arrancaron ya empezara a opacar la voz de la gente. En estos días, al ver cómo la Cámara de Diputados de Mendoza avaló por amplia mayoría la Declaración de Impacto Ambiental para la megaminería en Uspallata, sentí esa mezcla amarga de déjà vu y alarma. Treinta y dos manos levantadas, trece en contra. Treinta y dos votos para avanzar a ciegas, trece votos para sostener un límite mínimo de responsabilidad. Y yo no puedo dejar de preguntarme: ¿quién decide el futuro del agua, de la tierra, de los cuerpos que viven abajo en la planicie, cuando allá arriba se perfora la montaña? Lo que más indigna no es solo la decisión política —previsible, incluso mecánica— sino la obscenidad de hacerlo contra la palabra explícita de quienes estudian, investigan, miden y advierten. El Conicet, la institución científica más prestigiosa del país, publicó un info...