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El poder invasor de la minería

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  La historia contemporánea de Venezuela —y de buena parte de América Latina— no puede leerse sin atender a una constante que atraviesa gobiernos, ideologías y discursos morales: la disputa por los recursos estratégicos. En el caso venezolano, el petróleo ha sido el protagonista evidente, pero en las últimas décadas la minería —oro, coltán, tierras raras— se ha convertido en un factor decisivo, silencioso y profundamente invasivo. Allí donde hay minerales estratégicos, la soberanía se vuelve frágil y la democracia, negociable. La política exterior de Estados Unidos bajo la administración Trump, con su retórica agresiva y su obsesión por Venezuela, no se explica solo por la figura de Nicolás Maduro ni por la preocupación selectiva por los derechos humanos. Se explica, sobre todo, por la necesidad de controlar territorios ricos en energía y minerales clave para la economía global y la industria tecnológica. La minería, como el petróleo, no es solo un recurso económico: es poder geopo...

La Escuela fabrica ciudadanos mínimos?

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La escuela es uno de los dispositivos de encierro más eficaces de la modernidad. No porque hoy funcione bien, sino precisamente porque funciona mal y aun así persiste. Es una institución con olor a cajón cerrado, pero que sigue pretendiendo formar subjetividades como si el siglo XIX no hubiera terminado. Bajo la promesa de “educar”, lo que hace es domesticar: producir cuerpos obedientes, tolerantes al maltrato y entrenados para aceptar la violencia como normalidad. La escuela no forma ciudadanos críticos; fabrica ciudadanos mínimos. El ciudadano que emerge de este dispositivo es aquel que cree que la política se agota en introducir un papel en una urna. Votar se convierte en el gesto total de participación, y todo lo demás se reduce a una relación pasiva de demanda, similar a la del consumidor insatisfecho. Se “compra” una representación y luego se espera, se reclama, se protesta sin implicación real. La democracia, así, queda reducida a un ritual vacío, perfectamente compatible con la...

La Esperanza como Herramienta de Hegemonía: Un Análisis Crítico

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  En el tejido cultural de nuestras sociedades, la esperanza se presenta como una luminosa promesa de redención personal. Nos dicen que, con suficiente optimismo y tenacidad, cualquier obstáculo puede ser superado. Sin embargo, esta misma esperanza, lejos de ser una fuerza emancipadora, puede convertirse en un instrumento sutil de hegemonía. En primer lugar, el valor de la esperanza se entrelaza con el individualismo. Nos enseñan que el éxito es fruto del esfuerzo personal, ignorando las barreras estructurales que limitan a muchos, es decir que   son obstáculos que no dependen de la voluntad ni del mérito individual, sino de la forma en que está organizada la sociedad. Justamente por eso son tan eficaces para la dominación: suelen volverse invisibles o “naturales”:   Desigualdad económica de origen No se parte del mismo punto. Nacer en un hogar pobre implica peor alimentación, menor acceso a salud, vivienda precaria y necesidad temprana de trabajar. La “libertad de elegi...

LA VERDADERA BATALLA CULTURAL

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  La batalla cultural no es una consigna vacía ni una moda pasajera. Tampoco es una discusión reservada a especialistas, intelectuales o políticos. La batalla cultural ocurre todos los días, en la cocina de una casa, en una charla entre amigos, en el aula, en la televisión, en las redes sociales y, sobre todo, en nuestra cabeza. Es la lucha por definir qué ideas consideramos normales, cuáles repetimos sin pensar y cuáles descartamos automáticamente, como si fueran absurdas o peligrosas. En otras palabras, es una pelea por el sentido común. Para entenderlo mejor, pensemos en algo simple. Cuando alguien dice “así son las cosas”, suele dar por cerrado cualquier debate. Esa frase funciona como una muralla. No invita a pensar, invita a aceptar. La batalla cultural busca exactamente eso: que ciertas explicaciones del mundo se vuelvan tan obvias que ya no parezcan explicaciones, sino hechos naturales. Y cuando algo se naturaliza, deja de cuestionarse. Un ejemplo cotidiano: una persona esc...

EL MILAGRO DE SPINOZA

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Hay ideas que no te dejan dormir. Te rodean, te insisten, te tironean de la conciencia hasta que finalmente las entendés… o dejan de soltarte. Eso me pasó estos días con Spinoza. Durante años repetí —como tantas personas— esas frases heredadas, gastadas, dulzonas: “Es un milagro”, “Que se haga tu voluntad”, “Lo dejo en tus manos”, “Ayúdame, Señor”. Y no voy a mentir: alguna vez me sirvieron, o eso creí. Me daban una sensación de precario alivio, un respiro momentáneo ante el caos. Pero un día pude entender lo que decía Spinoza y todo se quebró. No para destruir mi fe, sino para arrancarle el miedo. Porque esa es la verdad incómoda: mi fe estaba llena de miedo. Miedo a equivocarme, miedo a que un Dios externo me castigara, miedo a no estar a la altura de una voluntad misteriosa. Spinoza vino a poner dinamita ahí. Y aunque al principio resistí —porque nadie suelta fácilmente un consuelo aprendido— la idea terminó abriéndose paso: Dios no es un ser separado. Dios es la naturaleza misma. L...

“El Gran Carnaval: cuando la política deja de gobernar y empieza a programar”.

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       Hay una pregunta que atraviesa nuestro presente como un ruido de fondo: ¿estamos todos locos o alguien planificó este quilombo? La intuición inicial es casi infantil: nada puede ser tan caótico sin un plan detrás. Pero lo que muestra Da Empoli —y lo que Deleuze habría señalado con una sonrisa amarga— es que no se trata de un plan maestro en el sentido clásico, sino de algo más inquietante: un dispositivo , una máquina abstracta que captura afectos, intensidades y pulsiones, y las convierte en fuerza política. No hay un gran titiritero moviendo los hilos; hay ingenieros del caos conectando cables, afinando algoritmos y dejando que la máquina haga el resto. En un mundo donde Trump llegó a presidente con memes, Bolsonaro incendió el Amazonas a punta de fake news y Milei convirtió la furia en identidad con motosierra en mano, la pregunta por la racionalidad del caos se vuelve inevitable. Lo que parece locura es, en realidad, una forma nueva de racionalidad , una...

Vibrando Alto Mientras Nos Roban Todo”

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“Nos quieren hacer creer que la espiritualidad es una competencia de fe individual, un diálogo privado con Dios o el universo donde el éxito depende de nuestra vibración. Nos repiten que si no alcanzamos nuestros objetivos es por falta de abundancia interior, no por desigualdades estructurales. Pero ese relato no es inocente: desvía la mirada de lo colectivo para culpar al individuo. No nos falta fe; nos falta justicia social . Lo que falla no es nuestro espíritu, sino un sistema que precariza, explota y convierte la dignidad en mercancía. El mercado encontró en la espiritualidad un negocio: transformó prácticas ancestrales en objetos de consumo. Nos volvió devotos del yo, compradores de energía, buscadores de paz en cápsulas. Cuarzos, mantras diluidos, meditaciones para no pensar. La consigna es siempre la misma: “el cambio está en ti”, como si las estructuras de opresión fueran simples ilusiones mentales. Pero esa espiritualidad domesticada nos despolitiza. Allí donde hubo ritual, co...